La influencia de la sociedad sobre nuestros pensamientos es muy notoria, por ejemplo, a un niño pequeño no se le da la libertad de credo, sino que es determinada por la familia. Si ésta es católica es muy probable que sea católico en una edad adulta por el hecho de ser criado con esos ideales. En ese momento no se le esta dando la libertad de experimentar con otras creencias o de simplemente no creer.
La sociedad todavía no se acostumbra a las cosas diferentes a lo que ellos practican, y quieren seguir con las costumbres que les han inculcado. Por eso los no creyentes son rechazados por la comunidad religiosa y en muchas ocasiones son alejados de la sociedad porque no son bien vistos, ya que se piensa que por no creer en Dios, su alma está condenada, o que proviene de las llamas del infierno, o que lo único que quieren es que todos dejen de creer en Dios y que todos terminen en el infierno.
Hay que aprender a respetar las creencias de cada quién, escuchando y decidiendo según lo que a cada quién le parezca correcto según su propio criterio. Siempre habrá gente buena y gente mala, no importa de qué religión sean. No hay que juzgar ni discriminar por las creencias. Todos somos humanos y tenemos la libertad de decidir nuestra propia filosofía o religión.

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